Me quedé impresionada cuando, observando de manera inconsciente el tránsito de la calle, me percaté de la nueva rutina se ha instalado plácidamente en la vida de los najerinos. Y al principio me extrañé de que tal hábito se hubiera impregnado con tal rapidez a las mentes que aquí residen. A primera vista, me alegré de que todos hubieran adquirido costumbres saludables. Un segundo después, me di cuenta de que algo no iba bien.
Les contaré lo que vi. El viernes por la tarde, mientras iba caminando y charlando con mis amigos por el Paseo, me di cuenta de que un pequeño goteo incesante de personas se dejaban caer por allí, mochila en mano y deportivas puestas. Como si de un desfile se tratara, las piezas de la cadena se encaminaban con rumbo fijo al lugar donde –según las autoridades del lugar y de la Comunidad- se ha llevado a cabo la modernización de Nájera. Sí señores, Nájera es una ciudad moderna, actual. Si bien ya poseíamos el merecido título de Capital del Mueble, no bastándonos con ello, nos latía la inquietud de ganarnos otro título que nos dejara un buen sabor de boca. Y el elegido ha sido Ciudad deportiva de Nájera.
Y es que los najerinos nos hemos marcado una nueva meta: ser la ciudad modelo en nuestra tierra. Y me parece admirable. Nunca debemos perder el afán de superación. Pero lo mejor de todo es que hemos ganado en algo de lo que nuestra clase política siempre se sentirá orgullosa y satisfecha. Sí señores y señoras, hemos ganado en demagogia.
DEMAGOGIA
Puedo decir orgullosa que pertenezco a esas ciudades adoradoras de una clase política de nivel y éxito. Una clase política que sabe cubrir las necesidades básicas de la población, que comprende que antes que subsanar las pequeñas faltas o defectos que existen en el municipio, es mejor ganar votos realizando construcciones desproporcionadas e inmensas, capaces de dejar atónitos a los pobres, pequeños e ingenuos ciudadanos, que sonriendo irán a las inauguraciones, que satisfechos repetirán el voto cada cuatro años.
Sí, señores y señoras. Me siento orgullosa de pertenecer a un lugar en el que cubrirse de gloria es lo primero. En donde da igual los millones que vaya a costar, o cuanto tardemos en pagar, o si los servicios son de carácter público o no. Eso es irrelevante. Lo que hay que hacer es construir, es crear esa imagen de magnificencia. Que toda la comarca hable de nosotros. Y encima, me siento orgullosa de decir con la boca bien grande, que estoy encantada de que saqueen las arcas municipales, de que se construya para unos pocos, de que la cultura sea irrelevante, pero sobre todo, de que por fin tengo mi abono a las piscinas climatizadas de Nájera.
Pero qué voy a decir yo, si ya se han encargado de difundirlo por redes sociales y páginas webs. Qué visión os voy a aportar yo desde aquí mi humilde blog. Francamente, no quiero distorsionar ni la alegría ni la imagen que cualquier otro najerino os puede dar.
Ironías a parte y aclarando que no tengo en mi posesión ni en propiedad tan abono; la verdad es que estoy bastante triste. Estoy triste porque los políticos han vuelto a jugar con nosotros. Han vuelto a utilizar nuestros recursos, nuestras debilidades; nos han manipulado y han conseguido, de una jugada, asegurarse cuatro años más en el poder, poder ya desgastado por legislaturas estáticas que no representan cambio alguno y que esquivan y evitan las reclamaciones y denuncias de siempre.
Estoy triste porque hoy, y desde hace algún tiempo, ha vuelto a ganar la demagogia. Comprenderán que para una estudiante de Derecho es algo por lo inquietarse. Cómo no se da cuenta la población de que la están utilizando. Eso mismo me pregunto yo cada vez que alguien me habla de esto, de este nuevo club social que el Ayuntamiento de Nájera yla Comunidad Autónoma deLa Rioja han creado para mantenernos a todos callados. Ya no se trata sólo del dinero, se trata de las ideas. No se trata sólo de la crisis económica, se trata de la crisis de valores, de pensamiento, de iniciativas. Se trata de que estamos dormidos, sumisos, callados. Y de que encima votamos por ese conformismo, conscientes de que no queremos ni voz ni voto.
La verdad es que sí, estoy triste. Hoy no me siento orgullosa de pertenecer a la Ciudad deportiva de Nájera, que debiera ser el premio Demagogia política del presente año y de varios más.
Pero por mi culpa, no os llevéis mala imagen de la gran obra.
http://najeradeporteyocio.es/
https://twitter.com/#!/@najeradprteocio
(En realidad, los enlaces sólo redirigen a la idílica imagen proporcionada por las Autoridades).